Equipos de Alto Rendimiento en La Senda de los Abuelos

La semana pasada recorrí con mi familia  'La Senda de los Abuelos', un bonito paseo en la subida al Pico de Urbión jalonado por pinos centenarios y que finaliza en el 'Pino Rey' un árbol que nació, poco más o menos, a la vez que Shakespeare, hace 450 años. Los niños jugaron al escondite en el bosque, se tiraron por la nieve usando la bolsa de los bocadillos como trineo, y se subieron a los árboles. También ayudamos a una pareja 'de ciudad' que se había quedado atascada en la nieve con su 4x4. Vamos, que fue un día maravilloso. El día se completó al volver a coger el coche: tenía que dar la vuelta en un camino estrecho, dejé caer el coche hacia atrás, pasando sobre una mancha de nieve, y ..., el coche se atascó.

Con el coche atascado en la nieve, les mandé a los niños quedarse dentro, e intentamos sacarlo entre Gabriela y yo. No lo conseguíamos, y al poco rato empezaron a salir calcetines por la ventanilla, se oían gritos, me encontraba algún niño en el asiento del conductor. Por suerte no hacía frío, pero ya eran las seis de la tarde y por allí no pasaba nadie.Y mis nervios de acero empezaban a fallarme. Decidí dejar a los niños que salieran del coche, pero eso no ayudó mucho: estaban cansados y empezaron a discutir por alguna bobada. Así que decidimos que lo mejor era que ayudaran, buscando piedras para colocar bajo las ruedas, o quitando nieve con un palo.

El coche seguía con la panza apoyada en la nieve, pero la situación empezó a cambiar. Los niños dejaron de ser un trabajo y pasaron a ser una ayuda, y eramos cinco pensando y trabajando para volver a casa. Pablo propuso poner las cadenas, y le contesté que no era buena idea: por una parte el problema era que las ruedas patinaban pero porque no se apoyaban suficientemente en la nieve; por otro que si el coche no se mueve, las cadenas no se pueden poner. Pero insisteron, porque la otra opción era seguir haciendo lo que no había funcionado. Y al tratar de poner las cadenas pensé en ponerlas usando el gato, y entonces se me ocurrió que mejor que poner las cadenas era levantar el coche, meter un buen montón de piedras bajo las ruedas, de forma que fueran las ruedas las que se apoyaran en el suelo, y no la panza del coche. Al primer intento aquello no funcionó: ya estábamos mojados, cansados, y Pablo propuso llamar a un amigo que nos rescatara (llevábamos ya hora y media), pero nosotros nos habíamos metido allí y nosotros teníamos que tratar de salir. Y es que además el móvil de Gabriela no tenía batería, y el mío estaba en casa. Así que otra vez a levantar el coche con el gato, recoger piedras para meter bajo las ruedas, quitar nieve del debajo del coche con palos, ... Ya estaba el coche apoyado de nuevo en piedras, cuando oímos que otro coche se acercaba.

Eran dos guardas forestales en un jeep, y al verlos respiramos aliviados. Se presentaron con cierta retranca como funcionarios del estado (que lo son), y enseguida conseguimos sacar el coche. La historia terminó bien, y aunque cansados y mojados, nos fuimos todos contentos a casa.

Para terminar el día, y celebrar lo bien que lo habíamos pasado, y el trabajo que habíamos hecho todos juntos, nos fuimos a comer una pizza al Plan B, en Vinuesa, que nos supo a gloria.

Había previsto escribir un nuevo post sobre equipos de alto rendimiento, y he querido usar esta historia reciente como introducción. Volver a casa era un propósito de todos, pero al principio no compartíamos ni los objetivos ni el enfoque de trabajo, y además no todos aportaban. Empezamos a avanzar más (y a estar más a gusto) cuando todos pudieron aportar su trabajo y sus habilidades. Como líder del equipo me equivoqué al rechazar sin más la idea de las cadenas. Pero la insistencia de Pablo y de Gabriela nos llevó a explorarla y nos condujo a levantar el coche con el gato. Nos habría venido bien tener más fuerza para poder empujar más, o incluso dos personas con carnet. Cierta dosis de suerte en forma de ayuda externa nos vino de perlas. Y celebrar la vuelta a casa y el esfuerzo realizado con una pizza fue inmejorable colofón.

Dejando de lado esta anécdota, y en un tono menos personal, ¿qué factores y comportamientos ayudan a que un equipo sea un equipo de alto rendimiento? Las características de estos equipos que mencionaba en mi anterior post son:





  • Un propósito compartido.
  • Unos objetivos y un enfoque de trabajo comunes.
  • Unas habilidades complementarias.
  • Los miembros se comprometen entre ellos para que el trabajo se realice. (Me gusta más el termino inglés engagement, que además de compromiso también quiere decir acoplarse o engranar)
  • Una responsabilidad por el resultado que todos asumen.


  • Y diez son los factores y comportamientos favorecedores que quiero compartir:
    1. Que el propósito del equipo tenga un impacto evidente en el negocio: la medida en la que se interioriza un propósito tiene una relación directa con cómo de importante lo perciban los miembros, y esa percepción tiene una relación directa con el impacto en los resultados del negocio.
    2. Dedicar el tiempo necesario en la primera fase del proyecto a que todos los miembros se apropien del propósito, lo entiendan, y aporten su conocimiento a su definición. Tener una imagen compartida y lo más concreta posible del futuro al que se quiere llegar.
    3. Mantener vivo y fresco el propósito a lo largo del proyecto.
    4. Compartir una hoja de ruta para llegar al resultado final: cuál va a ser la metodología, qué pasos se van a seguir, cómo se va a documentar el progreso, ...
    5. Establecer al inicio del proyecto acciones que permitan ver resultados inmediatos: ver resultados realimenta a los equipos enfocados a resultados.
    6. Establecer unas reglas de funcionamiento del equipo: puntualidad en las reuniones, discusiones abiertas enfocadas al propósito, no existencia de 'vacas sagradas', ...
    7. Fomentar la comunicación sin barreras dentro del equipo.
    8. Pasar tiempo juntos, y hacer parte del trabajo juntos: los encuentros del equipo no se pueden limitar a las reuniones de coordinación. Respecto a este punto y el anterior, me parece interesante el siguiente artículo, que llega a la conclusión de que la forma de relacionarse dentro de un equipo es el mejor predictor del éxito del mismo: leer aquí.
    9. Evaluar periódicamente el progreso del equipo, tanto en lo referido al cumplimiento de los objetivos y el avance hacia el propósito final, como en su funcionamiento interno: cumplimiento de compromisos, participación, ... En este sentido, un panel en el que se reflejen los pasos a dar y el progreso conseguido es de gran ayuda.
    10. Reconocer formalmente los resultados de los equipos de trabajo. Para ello:
      • Acordar desde el inicio cuáles son los resultados esperados.
      • Evaluar con el equipo el progreso.
      • Considerar hacer una evaluación formal.
      • No considerar que los únicos reconocimientos que valora un equipo son los económicos: no es así y normalmente las organizaciones no lo facilitan. (Leer aquí 'Cómo recompensar a tu mejor equipo').
    Fuentes: